El autismo en primera persona. Testimonio de Diana sobre su autismo

El autismo en primera persona. Testimonio de Diana sobre su autismo

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Testimonios en primera persona

Contamos con el testimonio de Diana García Ortí, mujer de 30 años, que fue diagnosticada a sus 28 años de Autismo.
Ha colaborado con Fundació Mira’m realizando charlas en Centros Educativos sobre Detección y Sensibilización, facilitando a los docentes conocer la idiosincrasia de las personas con TEA y sus necesidades académicas.
Ha participado también en uno de los encuentros mensuales de abuelos y abuelas de este curso compartiendo con los demás su forma de sentir y percibir el mundo.
Os dejamos el testimonio de Diana, en primera persona, no sin antes darle las gracias, y emplazándola a contar con ella para nuevos proyectos.

Diana sobre su autimo

Como todo el mundo, a veces paso noches en vela

Como ayer. Daba vueltas en la cama pensando en la quimera que había visto: un día productivo. Para mí no es habitual ser capaz de hacer cosas. Entendedme, según la opinión de las personas que me han rodeado en mi vida, “soy una persona vaga y con tendencia a ser inútil” en eso de vivir. Así que el día que hago cosas, es como saltarme las leyes de la física y me pregunto cómo lo he hecho.

Entonces me acuerdo de que soy autista

Hace cinco años que tengo que hacer el esfuerzo extra de recordar este insignificante detalle. Cuando lo hago, despierta la pelea interior de que eso no es motivo suficiente para no ser productiva como todo el mundo, que sencillamente es una excusa para ser vaga sin sentirme culpable. Y ahí tengo que hacer el siguiente esfuerzo extra: recordar que eso es mentira.

Si cojo un libro sobre autismo, me dirá que tengo altas capacidades. Si pregunto en mi entorno, me dirán que exagero con mi falta de energía, pero a la vez, cuando me esfuerzo por dar la talla, lo que recibo es un: ¿puedes hacer las cosas sin que parezca que siempre estás cansada?

Pues la verdad es que no puedo

Y me gustaría decirles que, igual que no debo tener expectativas irreales de los demás según las normas, ellos tampoco tendrían que tenerlas sobre mí. Pero así no es cómo funciona el mundo. Lo que funciona es el sistema de etiquetas. Hay algunas buenas y aceptables como: lista, aplicada, constante, guapa, amable, etc. Y otras que no lo son como: vaga, exagerada, arisca, maleducada, etc.

¿Adivinas de que grupo tengo más?

Cuando apago el ruido de fuera, veo que todo eso no es cierto. Si analizo mis días productivos me doy cuenta de que he hecho lo mismo que hacen todos: ser fexible respetando mis tiempos y mis niveles de energía. Y eso demuestra que, cuando me permito ser autista, puedo alcanzar el mismo ritmo que los demás. Entonces paso a analizar mis días improductivos y veo que el problema es que sigo exigiéndome el nivel de los demás. Y lo que no me deja dormir es… ¿Por qué?

He sido incapaz de adaptarme al sistema

Y buscando ayuda, acabé en Fundación Mira ́m. tuve suerte, porque Cristina no me tomó por loca. Tenía 27 años. Y ella supo ver que soy autista.

Todas las creencias limitantes empezaron a reescribirse

Soy improductiva porque mi mente aún se aferra a la creencia de que puedo ser neurotípica (no autista), llevaba 27 años actuando como tal (y no consiguiendo nada). Ahora reconozco mi valor como persona, mis tiempos, mis límites y dejo de compararme con un ideal social que no me corresponde.

Y di con los grupos de mujeres autistas donde no necesitamos justicarnos; porque siendo diferentes, entendemos que somos iguales. Y también llegó Mireia. He tenido muchas amistades que no he sabido manejar. Cuando todo iba bien, ninguna de esas relaciones llegó a parecerse a lo que tengo con ella. Y es algo que deseo para todo el mundo. Esa sensación de que estás en casa, de que por fin puedes descansar.

Me da rabia. Y pena

Porque estoy haciendo a los 31 años, algo que habría podido hacer de pequeña si alguien hubiera mirado más allá de lo que creía ver, de las etiquetas. Los años perdidos intentando ser lo que no soy pesan mucho; y ahora necesito reescribir cada recuerdo, cada creencia, cada aprendizaje. Desenredar sola la maraña de mi vida antes del diagnóstico es duro, porque no hay ayuda ni redes de apoyo.

Mi autismo no se nota. Ya no soy una niña

No cumplo la lista de requisitos. Me siento invisible. Los recursos son limitados, pero sigue siendo un proceso que nadie debería pasar a solas. Yo he tenido suerte y soy consciente de mi privilegio. Porque encontré a Cristina y encontré una amiga de esas que llaman de verdad. No estoy sola.

¿Pero cuanta gente habrá, invisible como yo, que sigue pensando que está rota? ¿O que necesita ayuda para entender quién es?

Ese acompañamiento debería ser accesible para todos.

Yo he crecido escuchando que todos tenemos problemas y que cada uno debe “sacarse las castañas del fuego”. Bueno, yo tengo otro punto de vista.

Porque sí, soy autista. Pero sobre todo soy Diana. Para mí, invisibilizar nunca ha sido una opción. Ahora lo puedo decir en voz alta.

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