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15Abr
2016
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Grandes maestros!!

Han pasado algo más de 6 años desde el día que nos dijeron que Ángel tenía Autismo. Al principio fue duro, recuerdo las lágrimas de rabia, los momentos que necesitaba aislarme de todos, los momentos en los que buscaba los brazos de mi marido para reconfortarme, o los que necesitaba salir, reírme y olvidar por un instante el punto en el que se encontraba mi vida.

El tiempo fue pasando y la vida se convirtió en una montaña rusa, con momentos de tristeza -como escuchar a mi cuñada contar que su hijo el pequeño le ha cantado una canción romántica, mientras piensas que tu hijo que es mayor ni siquiera habla-, a los que siguieron momentos mágicos y adorables, -como el primer abrazo con 3 años o el primer beso a los 4-.

Pero el motor de mi montaña rusa -mi hijo- lleva su propio ritmo, diferente al del resto de la gente, suele ir más despacio, aunque también hay momento que va más deprisa, otros que retrocede, y cuando por fin entendí y acepté esta realidad, es cuando he podido disfrutar de cada momento con mi hijo, de cada pequeño pero gran avance.

Hoy con 9 años y medio parece una personita increíble, con un espíritu puro, dulce y noble. Hace unos días lo pudo comprobar, cuando en un cumpleaños en la bolera, el resto de compañeros neurotípicos sufrían porque querían ganar, mientras que Ángel aplaudía y animaba a cada uno de sus “amigos” cuando tiraban bolos. Y al final de la partida el que más disfrutó de todos los niños, fue él, independientemente de quedar el último o el primero. Es curioso que siendo el talón de Aquiles de mi hijo las relaciones interpersonales, disfrute de actividades en equipo más que el resto de niños, a los que se les educa, a mi entender erróneamente, en base a la individualidad.

El tiempo pasa muy deprisa, y nuestros hijos evolucionan muchísimo, y aunque hoy en día pueda tener momentos de tristeza porque Ángel tiene TEA, mi hijo es como es porque tiene TEA, vivimos con el Autismo, nos reímos y disfrutamos cada día con y por el Autismo.

No creo que nunca acabe nuestro viaje en la montaña rusa, pero los papas también crecemos y evolucionamos gracias a nuestros hijos, grandes maestros, que nos guían de la mano, y realmente,

¿hay algo más gratificante que disfrutar de un viaje con tu hijo?

 

Concha Peiró

 

ANGEL GLOBO